En la mayoría de granjas, la temperatura del galpón se revisa cuando el operario pasa: en la mañana, al mediodía y en la tarde. Pero las aves viven en ese galpón las 24 horas. La madrugada fría o el pico de calor de las 2 de la tarde son momentos que casi nunca quedan anotados. Y muchas veces son justo los que explican una mortalidad alta, un lote disparejo o una mala conversión.
Por eso no basta con medir la temperatura: hay que registrarla.
